ETHEL SMYTH . COMPOSITORA

Ethel Smyth  (1858-1944)

Hubo una época en que si las chicas querían dedicarse a la música podían tocar el piano o el arpa para amenizar las veladas sociales, pero no matricularse en una academia para aprender composición o dirección de orquesta, sin embargo,  a pesar de tantos inconvenientes, Ethel Smyth logró convertirse en la primera gran compositora británica de la historia.

Cuando era joven, ante la negativa de su padre a qué se dedicase a la música (le dijo que era cosa de hombres), Ethel dejó de comer y de hablar con nadie hasta que le permitieron matricularse en el conservatorio de Leipzig (Alemania) donde coincidió con compositores cómo Brahms y Chaikovsky .
“cada día estoy más convencida de qué si no hay mujeres compositoras se debe a que deciden casarse y convertir a sus esposos e hijos en su prioridad” – le diría a su madre en una carta. Ella ni se casó ni tuvo hijos.

En cambio, sí que encontró tiempo para cultivar amistades con otras mujeres, como la concertista de clavecín Violet Gordon WhoodHouse y la escritora Virginia Wolf, Clara Schumann, Emmeline Pankhurst, la emperatriz Eugénie de Francia y para la creación, pues compuso numerosas piezas corales, música instrumental  y de cámara y 6 operas, (siendo la más célebre The Wreckers) y una misa , estrenadas en el Royal Albert Hall.

Su música alejada del puritanismo victoriano, fue considerada por algunos como carente de la feminidad que se esperaría de una compositora. En cambio el escritor G. B. Shaw le dijo:  Tu música me curo para siempre de la vieja idea de que las mujeres no podían realizar lo mismo que los hombres en el arte.

Llego a dirigir con un cepillo de dientes.

Fue muy famosa otra de sus obras la marcha de las mujeres , que se convirtió en el himno de las sufragistas, a las que se unió en 1911 para luchar por el voto femenino .

En una manifestación, fue detenida y, en la cárcel de Holloway protagonizó una anécdota que ha pasado a la historia.

ethel-detenida

Sir Thomas Beecham la visitó en la prisión de Holloway mientras cumplía una condena de dos meses por tirar piedras: “Llegué al patio principal de la prisión y encontré a las noble compañeras mártires marchando  alrededor y cantando vigorosamente lo que era su himno de guerra (La Marcha de las Mujeres), mientras que la compositora, sonriendo con aprobación desde una ventana superior de la prisión marcaba los tiempos con un cepillo de dientes”.

Ser una pionera y una compositora prolífica la hizo merecedora de muchos reconocimientos, entre ellos, el título de Dama del Imperio Británico en 1922  “por sus logros, los más altos alcanzados nunca por una mujer.”

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