A punto de rescatar a Julen…
Tras 12 días sepultado por la tierra, la misma que se lo tragó sin piedad alguna, que no tuvo en cuenta que es tan sólo un niño, ni que tan sólo tiene dos años, ni su carita angelical, ni sus ojitos azules que transmiten tantísima dulzura…
El país entero a la espera de un rescate frustrante… lleno de solidaridad de buena voluntad, de gentes dadivosa y generosa. Los buenos sentimientos a flor de piel, y la esperanza por estandarte, esa esperanza que el mundo se niega a perder, a abandonar, a soltar… asidos a ella cómo si de la vida se tratase… y si, ésta vez, tristemente, se trata de la vida de un pequeño.
De una vida grande por contra, con todo un futuro por delante, de una familia rota y perdida en la incertidumbre , en el cansancio, sumida en las fauces de ese maldito pozo oscuro que no debiera existir, el maldito agujero negro que nunca debió abrirse. Y Dios es testigo de que demasiadas irregularidades, demasiados errores humanos se han de llevar por delante vidas inocentes, sueños por cumplir, vidas por vivir.

Demasiados riesgos no asumidos cuyos números de víctimas crecen, también crecen los daños y pérdidas de todo tipo, pero que siempre acaba con cero responsables.

Las 10 : 20 h del último día , (o eso parece) viernes 25 de enero, muy cerca ya de llegar junto a Julen. 12 días de espera infructuosa dónde lo primero que uno hace al despertar es preguntarse: Dios mío… ¿habrán sacado ya a esa criatura?  Tras comprobar que no, surge la desesperación ante la tardanza, frustración ante los resultados, ante la mala suerte, ante tanto obstáculo tozudo dispuesto a causar problemas hasta el último momento… tramo tras tramo, metro tras metro… los últimos de ellos parecen eternos incluso desde aquí… (ni imagino de que forma lo estarán viviendo in situ) voladuras que hacen más ruda la espera hacia el tramo final, y ésta noche mucha gente no dormirá hasta que, probablemente, puedan ver que finalmente se llega hasta el pequeño.

No se quiere pensar en lo peor, sería demasiado perverso, demasiado trágico, demasiado injusto tras tanto esfuerzo, trabajo, cooperación, demasiado injusto para un pequeño de dos años.
No podemos pensar hoy en otra cosa, no podemos pensar en otra cosa durante 12 días ya!  y he querido dejar ese reflejo en mi diario, he querido dejar constancia de este suceso, porque me ha hecho pensar (entre otras muchas cosas) que quizá y a pesar del desenlace final (que bien sabe Dios deseo con todo el alma sea un final feliz , algo milagroso que acabe dándonos a todos una lección magistral de fe ) aún quede esperanza y “curación” para éste mundo amargo tal y cómo hoy lo conocemos.

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Quizá, y ante tanta muestra de solidaridad y tanta virtud desplegada, tanta buena voluntad por las gentes de todo el mundo… ¿hay quizá esperanza para la humanidad? Y creo que la gente humilde, la gente de a pie podría aún parchear esta triste sociedad.

Sobran los políticos, los mandamases, los que quieren poderío y para hacer de ese poder una herramienta de sumisión al prójimo, de la buena gente,  la gente dadivosa, la humilde, la solidaria, la virtuosa, la que posee todo eso de lo que ellos carecen : Principios y humanidad.
El suceso de Julen nos ha hecho pensar en que no somos tan malos, ni estamos tan perdidos, que somos capaces de darnos, de querernos, de unirnos… y es por eso que hoy algunos tenemos una esperanza. Una esperanza doble… mientras esperamos que se rescate vida, que se rescate humanidad, que recojamos logro y que aprendamos de cada error, de cada circunstancia adversa con el fin de ser mejores, para crecer cada uno ante todo como personas, después en solidaridad, en amor, en cercanía con los demás, en empatía con otros, en el consuelo ajeno, en todo aquello que nos hará un poquito más humanos y un poquito menos egoístas.

 

Ciertamente: Ningún padre debería perder a un hijo, ninguno de nosotros estamos preparados para esto… ninguno de nosotros esta preparado para afrontar la muerte.

Tras la cuarta microvoladura 23:12 horas… el mundo entero sigue esperando…